18 mayo 2009

Antonio Vega (1957-2009)

El martes pasado fue un día triste en la luna, amigos. Tan pronto como me enteré, llamé a mis colegas terrestres para comentar la noticia. Al otro lado del hilo espacial, Riggy me contaba lo siguiente:



Mi padre nació en el mismo año que Antonio Vega y me ha contado las veces que vio actuar a Nacha Pop en Rock-Ola. A mi padre siempre le cayó muy bien y a los dos nos molestaba que la gente hiciera tantos comentarios sin ningún respeto sobre si se drogaba mucho o si tenía mal aspecto. Por eso le gustaba decir que, en contra de la opinión general, Antonio Vega iba a vivir noventa años y nos iba a enterrar a todos. No sé si era lo que lo ingleses llaman “wishful thinking”, pero cada vez que salía el tío en algún lado, mi padre y yo hacíamos la broma. Hoy me ha mandado un mensaje al móvil, sólo decía: "Me equivoqué".

Además su muerte me ha impactado aún más porque yo le había visto hace unas semanas, en unos locales de ensayo. Descargando el equipo de unos amigos después de un concierto, coincidí con Antonio Vega, que también estaba recogiendo después de una actuación. Podría haber hablado con él, decirle que “Enganchado a una señal de bus” me sigue despertando al salir a la calle por las mañanas, o que “Seda y hierro” es una de mis canciones de amor favoritas…podría haberle dicho muchas cosas pero él estaba cansado y yo también, así que sólo le dije “Hasta luego”. Una nave industrial del barrio de Hortaleza a las tres de la mañana: extraño escenario para una despedida. Pero al menos pude decirle adiós.




Después de hablar con Riggy intenté contactar con Susu, pero por lo visto está en Copenhague y no hubo manera. Una lástima, porque me apetecía hablar con él y recordar los tiempos del colegio en los que cantaba sus canciones entre clases. Tal vez no me oyera llamar por tener puestos los cascos, repasando por enésima vez esa vieja cinta, ya casi quemada, en la que tiene grabados El sitio de mi recreo y Anatomía de una ola. Afortunadamente hoy me ha llegado una carta suya, que me gustaría compartir con vosotros:

Me da un poco de pena que sea justo ahora que Antonio Vega ha muerto cuando me dé cuenta de todo lo que he aprendido de él. Pero es verdad, tras una adolescencia escuchando y cantando sus canciones, es normal que toda su "enseñanza", toda su poesía, haya ido calando poco a poco en mí, a través de estrofas y versos entremezclados, llenos de verdad y de poder; quizás sea también normal que no me haya dado cuenta de todo lo que me han calado hasta ahora, que los he puesto todos juntos en mi cabeza.

Y lo bueno que tiene la música, la hecha con cuidado y profundidad, es que sólo puedes aprender una cosa de ella: a vivir. Para aprender sobre la estructura de la materia, sobre historia o sobre ontología están los libros; las buenas canciones, y Antonio Vega tenía muchas de ésas, sólo te enseñan a vivir, que no es poco.



Ahora me doy cuenta de que ha sido precisamente Antonio Vega quien me ha enseñado que hay que intentar perder el miedo a la enormidad, a que nadie oiga nuestras voces y desear, con todas nuestras fuerzas, ser viajeros de los que nunca dan un paso atrás, al menos de los que sólo los dan a veces, pues tampoco debemos olvidarnos de nuestra fragilidad, que este mundo descomunal suele encargarse de recordarnos. De él he aprendido que la mejor manera de caminar es poner mis pies y mis manos a volar y la única manera de levantarse cada mañana habiendo avanzado un poco es siendo el trazo que dibuje el día. Porque al final es el tiempo, (ahora todo el mundo recuerda cómo a Antonio Vega le gustaba removerlo con el café), el que nos va llevando sin pedirnos permiso, en ocasiones con compañía y otras veces con el único abrigo del silencio, y debemos aceptarlo así.

Seguramente no seré el único que ha aprendido de Antonio Vega que ser uno más, confundirse con la masa que es llevada por el tiempo, cuesta poco o nada, que tenemos que elegir nuestro camino y andarlo día tras día, arropados por la experiencia de los anteriores. Aunque claro, también hay momentos en los que la vida dice ven y no tenemos más remedio que correr, aun alejándonos de nuestro camino, quizás para no volver.

En definitiva, me gustaría que al acabar de andar mi camino, hubiera yo asimilado y llevado a término todas estas enseñanzas, pudiendo decir, con total sinceridad, como dijo él, que "vivo el día, día simple, día claro; vivo al menos sin temores, sin el miedo de gozar. Cada pueblo, cada puente, cada cruce me ha enseñado que con hoy es suficiente y mañana es demasiado". Eso sí, cuando llegue ese momento, cambiaré, sin ningún pudor, "cada pueblo, cada puente, cada cruce" por "Antonio Vega".

09 mayo 2009

¿Por qué se estropean los auriculares?

Buenas, mis queridos humanos. Ya sé que esto no es ninguna crítica de disco o de concierto, pero lo que os voy a comentar tiene mucha relación con la música y además tenía ganas de recuperar aquellos posts de "El Perro Lunar denuncia".

Digo que tiene relación con la música porque os voy a hablar de los auriculares, también conocidos como "cascos". Todos los amantes de la buena música, (entre los que sé que os contáis los lectores de mi blog), le debemos mucho a este invento. En mi caso concreto, mi vida casi depende de él: como sabéis, la atmósfera de la Luna es muy poco densa, por lo que el sonido apenas se transmite, es decir, no puedo utilizar minicadenas ni altavoces. Pero como no concibo mi vida sin música me paso el día enchufado a los auriculares, brincando y bailando por el cráter Vitruvius.

Hace no mucho, hablando con Riggy, le pregunté qué había sido de aquellos cascos suyos tan míticos, de buena marca y no especialmente baratos. Su respuesta no fue precisamente alegre: un buen día dejó de oír la música por uno de ellos, así sin más, sin aviso previo, kaputt, ciao ciao... Ayer llamé a Susu, para ver qué tal le iba, y me contó apenado que el auricular izquierdo de sus cascos estaba empezando a dar señales de enfermedad, crónica, con toda seguridad. Creo que los suyos no son la panacea, pero es que da igual caros o baratos, da igual una marca que otra, al final todos acaban muriendo, ¡¡y siempre de la misma forma!! Un día te despiertas, eliges el disco que vas a escuchar en tu reproductor, enchufas los cascos, te echas a la calle (a los cráteres, en mi caso), y de repente descubres que uno de los dos auriculares ya no se oye, o suena entrecortado. Ya estás deprimido para el resto del día. ¿Por qué tienen que estropearse los auriculares?

Yo lo he vivido en mis propias carnes caninas. Como ya habréis leído, mis primeros auriculares tenían escafandra incorporada, la que me hizo el comandante Cernan, pero claro, eso fue en el '72. La verdad es que son los mejores que he tenido, me duraron cerca de 15 años, pero desde entonces he tenido que recurrir a los que se venden en la Tierra. ¡Y vaya cruz! Cada año, poco más o menos, tengo que comprarme unos nuevos. Puede parecer una chorrada, pero a mí me fastidia un montón no poder escuchar mi música.

Hoy me habéis pillado mosqueadillo, y desde aquí quiero hacer un llamamiento a todos los fabricantes de auriculares: ya sabéis cómo se rompen los cascos que vendéis, ya sabéis dónde está su punto débil, ¿¿¿por qué no fabricáis de una vez por todas unos que duren un poco más???

17 abril 2009

Russian Red

El Sol - 15 de abril de 2009

Bien fresca os traigo la crónica del concierto de anoche, amigos. (Vale, no es como si hubiera acabado el concierto hace una hora, pero para los estándares de este blog…) Fresca como una lata de Heineken recién sacada de la nevera con sus gotitas y todo. Esta penosa comparación es sólo una burda manera empezar a contar que asistí al evento gracias a que gané una invitación doble en la web de la popular cerveza verde, en la que preguntaban a qué cantante ochentera versiona Russian Red en su disco. Naturalmente respondí raudo con el nombre de esa simpática muchacha que hacía el baile “ése que era como no hay nadie al volante, ¿no?” (Nota social relacionada: entre el público se encontraba el chanante Julián López, cuya faceta musical ya comentamos en la crónica del concierto de Deluxe).
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A estas alturas de la vida poco os voy a contar de la artista que no sepáis ya, porque como dice el amigo Porerror “su leyenda le precede”. En cualquier caso, no temáis, no mencionaré de dónde viene su nombre artístico, ya que tengo entendido que si lo cuenta una persona más, Internet explotará. Lo que sí diré es que su entrada en escena me pareció espectacular, ya que por una vez abandonaba su habitual look modosito con coleta para lucir un vistoso peinado, además de escote y taconazos. Las miradas de arrobo en las primeras filas se contaban por decenas, y la verdad es que estaba bonita como un claro de Tierra, que decimos en la Luna.
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Entre los músicos que la secundaban enseguida noté la baja de Manuel Cabezalí, el líder de Havalina que siempre toca la guitarra con ella. Según se nos informó se ha lesionado una mano, pero afortunadamente no se le echó mucho en falta porque allí estaba el gran Charlie Bautista, de quien se leían elogios por aquí recientemente en los comentarios del concierto de Speak Low. La verdad es que el tío es un grande, lo mismo cogía el piano que el xilófono o las guitarras y todo tan ricamente. Para mí el momento cumbre fue su recital de armónica y ukelele al mismo tiempo. Además había un musculoso bajista con patillas que tenía una pose cojonuda y un baterista, cuyos nombres desgraciadamente desconozco. La banda sonó increíblemente bien y gracias a ellos, un concierto bueno se convirtió en excelente. Llegaron incluso a tener algunos minutos muy eléctricos que sorprendieron a la concurrencia, acostumbrada al rollo lánguido del disco.

La foto la he robado del flickr de guillerm8, espero que no se enfade.


Dicho lo cual, no es menos cierto que Lourdes se basta y se sobra ella sola si hace falta. Como es lógico sonaron las canciones más populares de su único disco (y las menos populares también, es lo que tiene llevar un solo disco publicado), entre las que me gustaron especialmente “Nice thick feathers”, “Just like a wall” y la alegre interpretación de “They don’t believe”. Entre medias, algunas nuevas como “The Letters” y otras que tenían buena pinta, además de una versión muy chula de “Mr. Lonely”, de Bobby Vinton. (Tampoco os voy a engañar, el nombre del autor lo he buscado en Google).
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Pero como iba diciendo, a Lourdes se la vio muy segura en el escenario, especialmente bien cuando, sin la protección de la guitarra, cogía el metalófono, la pandereta o simplemente cantaba. En las canciones más animadas se la veía disfrutar y daba muy buen rollo, poniendo caras, moviéndose e incluso lanzando guiños ocasionales al público (me consta que alguno estaba más pendiente de conseguir cruzar miradas que de las canciones). Seguro que a medida que pase el tiempo seguirá mejorando en presencia escénica, y yo que lo celebro. Ahora, lo de hablar a la gente se nota que no le gusta nada.
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Antes de los bises sonó su gran hit, “Cigarettes”, despertando el entusiasmo de la sala. A pesar de que debe de estar harta de cantarla, la cuestión es que tiene como un efecto mágico en las personas, a excepción de algunos tipos del fondo que no callaban. (A mí eso me indigna, ¿para qué entras a un concierto si no vas a escuchar? ¡Vete a otro bar, joder! Muerte lenta y dolorosa para esa gente). Ya como despedida definitiva, sonó una nueva llamada “Fantasía” que la tocaron en plan country festivo y que fue una gozada. En general me pareció un concierto precioso, muy limpio y muy redondo que superó mis expectativas y me dejó con ganas de más. La impresión que me queda es que Russian Red todavía tiene mucho recorrido, ojalá nos dé más noches como la de ayer.
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Epílogo: Las obligadas cervezas post-concierto en el Costello nos las tomamos con los artistas pululando por allí, como suele ser habitual. Lourdes no estaba muy accesible, rodeada de amigas en los sofás, pero el que paseaba más era Charlie Bautista, así que me dirigí a él y le felicité por su talento y por el excelente recital que acababa de ofrecer. ¿Problema? No era Charlie Bautista, sino Jero, el cantante de los Sunday Drivers, como él mismo se vio obligado a aclarar, con el resultado de gran bochorno para mi persona. El hombre suavizó el incómodo momento comentando que no era la primera vez que les confundían. Toma ya el experto musical que tiene un blog y todo.

Menos risas, que vosotros también os hubiérais confundido.

07 abril 2009

Bruce Springsteen - "Working on a dream"

Columbia (2009)

¿Se aburre Bruce Springsteen en su casa? Evidentemente sí. De lo contrario, no se entiende el desenfrenado ritmo que ha cogido su carrera en los últimos años. En 2005 sacó el intimista Devils & Dust, en 2006 se lió a hacer alegres versiones de Pete Seeger y en 2007 juntó de nuevo a la banda para facturar Magic. Por supuesto, cada disco acompañado de su correspondiente gira mundial. En algo menos de cuatro años, Bruce ha actuado trece veces en España (el Perro Lunar ha bajado a verle en cuatro) y ya hay cinco fechas anunciadas para este verano sin incluir Madrid ni Barcelona, que se supone que también caerán en algún momento. Por eso, cuando hace un par de meses leí que estaba a punto de salir Working on a dream, me quedé anonadado. ¿Acaso al hogar de Bruce Springsteen no llega la tele por cable? ¿Sus continuos viajes le han hecho perder el contacto con los vecinos y ya no es bienvenido en el barrio? ¿Por qué este frenético tránsito del estudio a los estadios y vuelta al estudio otra vez?
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En cualquier caso, para un fan como yo, esta hiperactividad debería ser recibida con alborozo, pero el caso es que a mí Magic no me entusiasmó. Por lo tanto, la salida de un nuevo disco sólo quince meses después, cuyo sonido se anunciaba continuador del anterior, me provocaba más preocupación que otra cosa. Decía textualmente Bruce al presentarlo: “Towards the end of recording Magic, excited by the return to pop production sounds, I continued writing”. Y añade que esas canciones que continuó writing, las fue grabando en los descansos de la gira, en muy pocas tomas, aprovechando que la banda estaba en forma. Yo sólo podía ser desconfiado ante esta situación, teniendo en cuenta que cuando grabó uno de los mejores álbumes de la historia del rock, Bruce se pasó catorce meses en el estudio, y eso que sólo eran ocho canciones. Aún así, decidí concederle el beneficio de la duda porque él lo merece.
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Así pues, llegada la hora, Riggy se calzó sus flamantes auriculares enormes, apretó el botón de play y entonces hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta cincuenta minutos después. Llegado ese momento, gritó Riggy con fuerte voz:
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¡Bruce, Bruce! ¿Por qué me has abandonado?
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Y a continuación no expiré ni me consta que se rasgara en dos ningún velo, pero poco faltó. Madre mía, qué panorama. Recordé las palabras del artista antes citadas y mi perplejidad fue de dimensiones…efectivamente, bíblicas. ¿“Pop production sounds”? Amigo Bruce, evidentemente tú y yo tenemos concepciones distintas del término “pop” (espinoso tema éste). Podrían tenerse muchas discusiones sobre si es un disco de pop o no, pero en lo cualquiera me dará la razón es que no hay nada “exciting” en él. La cosa arranca con una épica canción de ocho minutos sobre un bandido llamado Outlaw Pete que no está demasiado mal. El problema es que ese tema me había sido recomendado de buena fuente como el mejor del disco, así que la desconfianza se mantiene respecto al resto del álbum. ¿No va a haber nada mejor que esto?
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Pues mira, no. Ni de lejos. Es hora de proclamar sin rodeos que Working on a dream es algo así como la vacuidad hecha disco. Todo muy grandilocuente pero sin ningún contenido que merezca la pena. Los que estamos acostumbrados a escuchar a Bruce cantar con las tripas letras punzantes, salvajes o profundas no entendemos por qué este empeño en sonar como un tío en un karaoke con canciones tremendamente vagas e inconcretas. Y desde luego, la banda estaba en forma durante la gira, pero la banda que yo vi en un Camp Nou entregado era la “heart stopping, pants dropping, hard rocking, hips shaking, earth quaking, love making, nerve breaking, history making, legendary E-Street Band!” y la producción del disco los convierte en una especie de orquesta de salón de hotel caro.



Después de escuchar "Working on a dream", Riggy corre a intentar recordar por qué es fan de Bruce Springsteen.

Mi buen amigo Cobi, el mayor fan de Bruce que conozco, apunta con acierto que estas canciones ni siquiera hubieran entrado en Tracks, la caja de rarezas y descartes publicada en el 98. Si algo positivo tiene este disco es que, si bien podremos seguir discutiendo durante años cuál es el mejor disco de Bruce Springsteen, la discusión sobre cuál es el peor ha quedado definitivamente sellada. El pobre Human Touch (1992), tan vilipendiado a lo largo de los años, por fin ha conocido el significado de la expresión “otros vendrán que bueno te harán”.

Puede parecer que me estoy cebando en exceso, naturalmente hay miles de artistas que soñarían con publicar un disco como éste, pero a los mejores hay que exigirles lo mejor, y todos sabemos de lo que Bruce es capaz. Además, sostendré mi argumentación con pruebas empíricas: cuando estoy escuchando “Tomorrow never knows” me dan ganas de poner la canción homónima de los Beatles (lo que supongo que es tolerable); pero si cuando llevo un minuto oyendo “Queen of the supermarket” me cambio a “Reina del súper” de Ismael Serrano, es que algo va horriblemente mal.

No obstante, hay esperanza. Oculta al final del disco encontramos “The Wrestler”, la canción que escribió Bruce para la peli protagonizada por su colega Mickey Rourke de la que tanto hemos oído y leído. Y de repente, después de tres cuartos de hora de mediocridad, escuchamos de nuevo a Bruce. Ahí se acaba la pomposidad y suena una guitarra acústica. Ahí está, por fin, su voz, que canta “I can make you smile when the blood it hits the floor / Tell me can you ask for anything more?” Es una canción que hubiera entrado perfectamente en Devils & Dust, y a mí ése me parece un discazo. Supongo que ni siquiera estaba planeado incluir esta canción en Working on a dream porque no pega nada con las demás, pero menos mal que lo hicieron. Gracias a ella podemos superar esta sufrida semana de Pasión con la esperanza de un futuro mejor.

Amigo Bruce, cuando acabe este gira cógete unas vacaciones de las buenas, pasa el rato con los caballos de la finca o haz lo que te divierta hacer. Y cuando te apetezca, vuelve a componer con calma y prepara tu propio Domingo de Resurrección. Nosotros estaremos esperando.

03 abril 2009

Speak Low

El Sol - 4 de abril de 2009
Había oído hablar de Speak Low hasta la saciedad por boca de Susu, pero nunca les había visto en directo. Él me grabó su primer y único disco, I'm gonna groove ya!! (2006), advirtiéndome por activa y por pasiva que la grabación no refleja ni la mitad de energía, carisma y potencia que presentan en directo. Él mismo fue el que me puso en alerta hace unas semanas sobre el próximo concierto que la banda iba a dar en Madrid, y me comentó que, con mucho pesar de su corazón, no podría asistir, pero que le gustaría que yo fuera para que experimentara lo que tantas veces me había contado. Entre eso y que me mandó una entrada por correo ¿quién podía decir que no? Además, el disco que me pasó Susu me gusta bastante, me ha alegrado muchas tardes solitarias de verano en la Luna, con su funk pegadizo y bailongo.

Así que allí me planté, como a las once y media, en una Sala El Sol bastante llena, pero no a rebosar. Susu me había aconsejado que me pusiera cerca de Julián Maeso el teclista y alma del grupo, (miembro también de The Sunday Drivers y The Sweet Vandals), y tuve suerte porque encontré un sitio justo a un paso del escenario, en el rincón izquierdo, donde estaban los dos órganos de éste: un Hammond y un Rhodes con purpurina.

Al poco apareció la banda, (de izquierda a derecha en la foto de la entrada): batería, percusión, guitarra, teclados/bajo, trompeta y saxo. Y apareció la fiesta, el saltar y el menear desenfrenado. Es verdad que algún sector del público no se mostró muy participativo, y eso le costó un pequeño cabreo a Maeso a mitad del concierto, pero he de decir, en mi defensa, que el rincón en el que estaba era un reducto de fans que coreábamos las canciones y no dejábamos de bailar.

A lo largo de la noche sonaron, sobre todo, temas de su próximo disco, Hands Up!, ya que se trataba del concierto presentación de éste. Una lástima que el disco no estuviera listo para venderlo ayer, porque me habría encantado comprarle una copia a Susu, (pero no te preocupes, te pillé una camiseta). Yo había leído en alguna página web que se planeaba que su segundo álbum estuviera más enfocado hacia la pista de baile que el primero; ¡y tanto que será así!, como el disco consiga captar algo de la energía con la que sonaron ayer los temas que lo compondrán, no habrá pista de baile que se resista. Además parece que han incorporado un poco más de variedad rítmica, ya que anoche, entre el groove que hila todas las canciones de Speak Low se intercaló alguna influencia latina e incluso africana.

Lo que más me sorprendió del concierto fue el poco protagonismo de Maeso. No me malentendáis, guió a la banda con su hammond impecablemente, tuvo solos de impresión y auténticos momentazos, (como cuando se giró para pedirme un cigarro... debería saber que los perros no fumamos), pero yo me esperaba que todo girara más alrededor de sus habilidades entre las teclas. Eso sí, cantó en muchos temas, y con mucho espíritu negroide. Los que sí tuvieron bastante protagonismo, más del que yo esperaba, fueron José "Funko" García a la guitarra y Martín García al saxo, ambos saliéndose por los cuatro costados.

No faltaron los grandes temazos de su primer disco, (Trouble Maker, I'm gonna groove ya, To my friend Georgie...), ni un homenaje a la Motown, (This old heart of mine de las Supremes), o su versión más famosa, Thriller, que hizo las delicias de todo el público. Y para rematar la faena, tras una última canción de auténtica locura, desmadre y taquicardia, Maeso se puso de pie sobre el hammond, (sin dejar de tocarlo con su pie izquierdo), y saltó desde él dejándonos a todos con la boca abierta. Un apoteósico final para un concierto que tardaré en olvidar. Espero que la próxima vez que baje a la Tierra esté ya a la venta Hands Up!, el próximo disco de Speak Low, porque ése sí que no me lo pierdo.

Momentos antes de ............................................................................ "El gran salto"

24 marzo 2009

Roy Ayers - "Coffy"

Polydor (1973)
Ayer por fin lo hice. Sí, señoras y señores. Ayer por la mañana se me pegaron un poco las sábanas y, en vez de salir disparado de casa mirando el reloj cual conejo blanco, pensé: "si voy a llegar tarde al trabajo voy a hacerlo bien". Así que me hice un zumo, me duché tranquilamente, me tomé un tiempo para pensar qué me iba a poner y, sobre todo, me tomé un buen tiempo para pensar qué música iba a escuchar en el trayecto. Escuchar música yendo a clase o al trabajo por la mañana es todo un arte, una decisión que puede marcar el resto de tu día. Y la de ayer vaya si lo marcó.

La elegida fue la banda sonora de la película blaxploitation "Coffy", de Roy Ayers, una de las mejores de su género y un disco de jazz-funk impepinable. Nada más salir de casa sonó en mi reproductor la primera canción del álbum, el tema principal de la película, Coffy is the color. Como por arte de magia (musical), las soleadas calles que hay desde mi casa al metro se habían convertido en Harlem y yo en el más auténtico de los pimps, caminando de forma chulesca al encuentro de mi limo.

Al salir de la limo, y a medida que me iba acercando al trabajo, todo dejó de ser tan apacible, porque advertí la presencia de la mismísima Pam Grier, que me perseguía pistola en mano. La verdad es que me lo merecía, porque había sido malo, muuyyy malo, llegando tarde al curro. Así que no tuve más remedio que ir escondiéndome por las esquinas y los portales mientras sonaba Aragon.
Nadie quiere cruzarse en el camino de Pam Grier.

Conseguí escaparme y durante el tiempo que estuve en mi despacho me sentí más a salvo. Pero la verdad es que la seguridad no duró mucho, ya que también me escaqueé de la habitual comida rápida con los compañeros de trabajo y me fui a disfrutar de una pausada sobremesa con mi novia en El Rey de Tallarines. De camino al restaurante fui midiendo muy bien mis pasos, cubriéndome las espaldas y asegurándome de que no me siguiera la temible vengadora Coffy, mientras sonaba Brawling broads.

Reconozco que después de la comida volví al despacho, aunque debería haberme ido a dormir la siesta, pero fue por poco tiempo y porque tenía que recoger unas cosas. Después me fui a casa orgulloso de ser malo, y le dije al chófer que pusiera bien alto el volumen cuando empezó a sonar King George, ("he's a pimp, he's a pusher, cause he's the king..."). Pero en seguida reapareció la incasable Pam Grier dispuesta a dejarme la limo como un colador, lo cual evitamos con una furiosa persecución por las calles de Harlemadrid, ambientada con el ritmo frenético de la canción Escape. Efectivamente, escapamos de nuevo de sus garras y llegué por fin sano y salvo a casa.

Un día como el de ayer se merece un final como el que tuvo, un buen final. A buen entendedor pocas palabras bastan, y tampoco quiero daros más detalles; sólo os diré que, como en esta escena de la película, la canción que sonaba era Making love.

11 marzo 2009

The Nextmen - "This was supposed to be the future"

Antidote (2007)
Hace unos días caminaba yo por la Gran Vía mientras escuchaba la canción Madrid del grupo de jazz Collage y me puse a pensar en si el espíritu de una ciudad podría capturarse en una canción o en un disco, y de ahí pasé a preguntarme si el hecho de residir en una ciudad determinada influiría a los músicos inconscientemente a la hora de escribir sus canciones. Es verdad que algunas localidades han dado lugar a estilos concretos, y se llega a hablar del "rap de Queens", el "blues de Chicago", el "sonido Detroit", o Bristol, o Bay Area... Pero yo iba un poco más allá: ¿se podría llegar a asegurar "esta canción de Bob Dylan es así o asá porque la compuso en tal lugar", o "nosequé grupo suenan destaforma porque su cantante se crió en tal pueblo"? Y fue precisamente haciéndome esta pregunta como me acordé de The Nextmen.

The Nextmen son dos productores-músicos-compositores-djs residentes en Londres pero originarios de la académica ciudad de Cambridge. Hace casi tres años Riggy y yo estuvimos de paseo por Cambridge, visitando a una amiga que estudiaba allí, y el recuerdo que guardo, (un recuerdo muy limitado, puesto que sólo estuve cuatro o cinco días), es que se trata de una ciudad pequeña, acogedora, luminosa, con mucha vida, alegre y tremendamente monumental. Así que cuando, un año después, escuché el también luminoso y alegre disco "This was supposed to be the future", y me enteré de que sus autores habían nacido y crecido en Cambridge, no pude evitar asociar el sonido del álbum con mi recuerdo de la ciudad.

Una estampa primaveral de Cambridge

De hecho, el último disco hasta la fecha de esta pareja de productores británicos fue uno de los primeros discos que quise comentar cuando empezó la andadura de este blog pero, por unas razones o por otras, ha permanecido en el limbo. Hasta hoy.

"This was supposed to be the future" supuso, efectivamente, el futuro de The Nextmen. Hasta entonces sus discos habían sido básicamente de hip-hop, un hip-hop bastante elaborado, poco comercial y con algún toque de dancehall, pero cuando salió este álbum nos dieron una sorpresa, muy grata a todos sus fans. Salvo en dos canciones, en las que participan raperos ingleses, el resto del disco está amenizado por cantantes; ¡y qué cantantes, señores! La encargada de abrir el disco era nada menos que Alice Russell con un funk algo futurista y extremadamente pegadizo. También aparecía, y en dos ocasiones, mi adorado Joe Dukie, el cantante de Fat Freddy's Drop, dejando siempre su inconfundible toque de suavidad y elegancia. Otra cantante que aparece hasta en tres canciones del disco es Zarif, una especie de aspirante a Lily Allen/Kate Nash/Amy Winehouse/Duffy/Adele a la que nadie conocía hasta entonces pero que parece estar empezando a hacerse famosa. Con ella lanzaron el single Something got you que contaba con un videoclip interesante.

En "This was supposed to be the future" no se olvidaron del toque jamaicano que solían imprimir en algunos cortes de sus anteriores discos y las tres canciones más divertidas y bailongas del disco son de ambiente reggae-dancehall. Dynamite MC se marca una versión del Blood and Fire de Niney The Observer que se te pega al trasero y no te suelta. Por no hablar de Piece of the pie en la que Demolition Man revisita con gran éxito el Jungle Lion de los Upsetters. Yo me pongo esta canción muchas mañanas mientras hago la cama y siempre acabo dando saltos por mi habitación.

Espero que el futuro del planeta no sea como lo presentan en la portada del disco, pero si el futuro de su música va a ser parecido al que presentan en él yo me apunto. The Nextmen son el perfecto ejemplo de un grupo que ha mejorado mucho al expandir sus horizontes y abrir su música a nuevos estilos e influencias. Permaneceremos atentos.