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05 diciembre 2010

El camino de vinilos amarillos

El que diga que comprar música está pasado de moda y que el futuro es digital y todas esas chorradas no está en lo cierto. No, no y no. Comprar discos sigue siendo una de las actividades más gratificantes para un buen aficionado a la buena música. Y yo, modestia aparte, soy uno de ésos.

Cuando llegué a Estados Unidos no tenía esperanzas de poder comprar mucha música aquí. Seamos sinceros, Knoxville no es San Francisco o Nueva York, no tiene macrotiendas-paraíso-para-freaks como Amoeba Records; ni siquiera es Nashville o Memphis, así que mi sorpresa fue doble al ver la oferta de tiendas de música que me ofrecía esta ciudad. Ahora veo la pila de vinilos que voy a tener que llevarme de alguna manera de vuelta a España y me doy cuenta de lo equivocado que estaba. Quizás el título del post sea algo exagerado y los vinilos no me den como para llegar al Reino de Oz andando sobre ellos, pero desde luego, ocupan de sobra el suelo de mi cocina, que es la mitad de mi apartamento aquí.

Knoxville, TN ha resultado ser un paraíso para los que gustan de comprar vinilos de segunda mano. Todos sabemos lo que hay en una tienda de vinilos de segunda mano: las colecciones de discos de los que en los '90 habían visto ya alrededor de cincuenta primaveras y se habían hartado de que sus vinilos acumularan polvo y ocuparan sitio y se dijeron: ¿quién necesita estos viejos discos ahora que las cintas y los CD son lo más. Además, dicen que lo siguiente será el MiniDisc, ¡qué pasada!, eso sí que va a ser la revolución. Qué equivocados estaban y qué bien nos viene ahora a nosotros la determinación que tomaron de vender sus vinilos. Pero en España estamos mal acostumbrados, porque los discos que tenían los que rondaban los cincuenta en los '90, por lo general no eran gran cosa, así que uno se encuentra mucha paja en las tiendas de vinilos de segunda mano de España. Pero, amigos, los que rondaban los cincuenta en los '90 aquí en Estados Unidos eran diferentes: muchos habían estado en Woodstock o en Big Sur, muchos fueron a las manifestaciones contra la guerra de Vietnam, muchos estarían allí cuando parecía que el mundo se desmoronaba porque Dylan tocaba una guitarra eléctrica y, seamos justos, otros muchos quizás también quemaran sus discos de los Beatles cuando Lennon dijo aquello de Jesucristo...
El resultado de todo esto es que ya entrados en la segunda década del siglo XXI un servidor se ha pasado más de una tarde despacible de otoño llenándose los dedos de polvo rebuscando en cajas de cartón llenas de una miscelánea musical sin orden ni concierto en las que iba descubriendo, una detrás de otra, joyitas que llevarse a casa, todas en perfecto estado, sin un rayajo ¡y ninguna a más de 10$! En una tienda de instrumentos (en la que ya le tengo echado el ojo a un banjo) tenían demasiados vinilos y querían quitárselos de encima cuanto antes así que me vendían dos por 7$. Una tienda de libros de segunda mano tenía millones de vinilos a 2$, 3$ y 5$ (y muchos no valían la pena, seamos sinceros). Y en otra tienda la selección era mucho mejor pero los precios mayores (entre 8$ y 12$).

Estando como estamos en Tennessee y teniendo yo los gustos que tengo, me he hecho con montones de clásicos de folk y country como el Folsom Prison de Johnny Cash, el Tapestry de Carole King, el primer disco de Peter, Paul & Mary, el Roses in the Snow de Emmylou Harris o una recopilación con lo mejor de los dos primeros discos de Dolly Parton en la que sale ella en la portada con su peinado platino antigravitacional y sus... en fin, ya sabéis.
También he encontrado los primeros discos en solitario de David Crosby y de Graham Nash, tanto juntos como separados, el Desire de Dylan, que mi padre ponía una y otra vez cuando yo era pequeño, y tres discazos de mi querida Joni Mitchell y tres discazos de mi queridísima Joan Baez, entre los que está el Any day now, ilustrado por ella misma con viñetas para cada una de las canciones. Pero la joya de la corona, la niña de mis ojos, la flor más bella del jardín no es de Joan sino de su hermana. Sí, señores. ¿Os acordáis de que yo me quejaba de que el disco de Mimi Fariña con Tom Jans no estaba reeditado? Bueno, pues sigue sin estarlo pero... chincha rabincha, yo tengo una copia origina-al y tú no-ooo.

Y no todo son clásicos, también me he hecho con rarezas, como el disco de Richie Havens tocando el sitar o una recopilación de directos de Janis Joplin y con discos más modernos como el de Ben Harper con los Blind Boys of Alabama. Y tampoco son todo countrerías y folqueces, sabéis que en este blog le damos a todos los palos, y entre mis nuevas adquisiciones me precio de contar un Dark side of the moon original y de los mismos Pink Floyd un Umma Gumma. O los ritmos tropicales de Johnny Nash, miembro indispensable de mis canciones mañaneras con I can see clearly now. Y, entre otros, la fantasía doble de Lennon y Yoko, el gospel funkoso de Graham Central Station y la mítica portada de los Wild Cherry, la de Play that funky music.

Sé que este post es un tanto atípico, pero viendo todo este panorama os podréis imaginar lo feliz que estoy con mis nuevas adquisiciones y quería compartirlas con alguien pero no sabía muy bien cómo, así que pensé que ponerlas aquí sería una buena opción. Porque comprar música sigue molando y compartir la música que te compras con amigos mola mucho más.

P.D.: Y no he querido hablar de los vinilos reeditados, que están todos mucho más baratos que en España. Aquí tenéis una muestra de lo que no he podido dejar de comprarme.
P.D.2: Si alguien quiere el vinilo original del Concert for Bangladesh, o a algún bossero le gustaría tener The River o Born to Run que me lo diga rápidamente.

10 agosto 2009

Isaac Hayes - "Shaft"

Stax (1971)
En nuestro encuentro lunar de las Navidades pasadas salió a colación mi modesta colección de vinilos Blaxploitation, y ahí fue donde os enterasteis de que a esa colección le faltaba el primer fascículo, el capítulo piloto, el cromo por el que cambiarías todo tu taco: la banda sonora de Shaft, del grandísimo Isaac Hayes. La razón por la que no me había hecho todavía con este discazo era meramente económica: afortunadamente la reedición en vinilo está disponible en un puñado de sitios pero ¡a qué precios! Fijáos cómo sería, que Khurcius, que siempre te sorprende con las mejores oportunidades, me pedía veintitantos euros.

Y aquí hacemos un paréntesis. Sí, sé que veintitantos euros no es, en realidad, un precio muy alto para un disco, tal y como andan las cosas hoy en día, y menos aún para un doble vinilo, pero todo aficionado a la música, y a cualquier otra cosa, debe ponerse un límite. Al menos, yo debo ponérmelo. No me colguéis la etiqueta de tacaño todavía, tened en cuenta que uno no tiene una gran fuente de ingresos y que, aunque la música sea mi vicio número uno, no es mi primera necesidad. Si no me pusiera un límite, saldría ahora mismo a comprarme todos los vinilos de los Beatles, (a veintimuchos euros el vinilo, ya les vale), todos los discos que acaban de salir y de los que he oído hablar bien, (si esperas un poco siempre bajan de precio), y todas las cajas chiripitifláuticas con hasta-el-último-pedo de Hendrix, Dylan o The Band. Por no hablar de los vinilos de rap, (que con eso de que son siempre dobles te los cobran a un riñón). Así que yo me he puesto mi límite, (el propio Khurcius lo llama "barrera psicológica"), en un poco menos de veinte euros. Es decir, mucho me tiene que gustar, o mucho tengo que necesitar un disco de ésos de 18,95€ para que me lo lleve a casa puesto sin pensármelo dos veces. No quiero entrar en el cuál es el valor real de un disco, mi postura no es una crítica contra el precio de la música, y no pretendo decir nada sobre la eterna crisis de las discográficas, ni sobre lo que se debe llevar cada intermediario de la cadena; es sólo eso, una cuestión psicológica. Pero al final me he conseguido hacer con una discoteca pasable habiendo comprado poquísimos discos que sobrepasaran "mi límite". Es cierto que no soy un coleccionista, no soy ningún DJ Shadow, ningún "digger" que persiga las ediciones originales como loco, no tengo "incunables" ni rarezas, pero tengo mucha música y disfruto de ella, que es de lo que se trata.

Así las cosas, no fue pequeña mi sorpresa cuando Khurcius me anunció que la reedición en vinilo de Shaft había pasado por debajo de mi "barrera psicológica": ¡por fin me podía hacer con ella! Qué ilusión me hizo ir a recogerla, leer los créditos detenidamente en el metro y, al llegar a casa, poner por fin la primera piedra de mi humilde catedral Blaxploitation, que se me estaba desmoronando.

La primera vez que escuché mi nuevo vinilo fue planchando. Planchar puede ser la actividad doméstica más aburrida, o no, porque presenta la cualidad de combinarse muy bien con la música. Limpiando el polvo, pasando la aspiradora o fregando los platos es más difícil escuchar música, pero con la plancha sabes que vas a estar quieto, ahí de pie, durante un buen rato, así que más te vale hacerte con una buena compañía.

¡Qué sensación cuando empezó a sonar el charles que abre el "Theme from Shaft"! Nadie puede negar a estas alturas que esta canción merece estar entre las grandes de la historia de la música popular. Da igual que no hayas visto la película, escuchando el comienzo de la canción no puedes evitar visualizar las frías calles de Harlem al amanecer preparándose para las adversidades de un nuevo día lleno de traficantes, putas y mafiosos. Pensándolo bien, debería ordenarse por decreto que todas las personas se despertaran con el "Theme from Shaft"; el mundo sería más feliz.

Shaft resultó ser una buena banda sonora para planchar, relajada, suave, con muchas canciones lentas, pero repleta de ese alma, de ese groove único que hace que no puedas evitar mover la cabeza mientras lo escuchas. Los problemas vienen al final, con "Do your thing", esa enorme maravilla de veinte minutos. Ahí es cuando casi se me quema la ropa, porque "Do your thing" engaña, empieza como una (muy buena) canción de funk corriente pero a los cinco minutos, sin saber cómo, el batería ha doblado el ritmo y tú estás dando saltos por tu habitación. Las guitarras se vuelven locas y el batería vuelve a doblar el ritmo unos minutos después, por lo que el vecino de arriba ya está aporreando tu puerta para pedirte que dejes de dar golpes con la cabeza en el techo y tú te limitas a seguir saltando y gritando "do your thing!!!, do your thing!!!", hasta que hueles a quemado y corres a levantar la plancha de la blusa favorita de tu madre. ¿Quién dijo que planchar era aburrido?



No sé si habréis caído en la cuenta, pero exactamente hoy, 10 de agosto de 2009, se cumple un año de la muerte del gran Isaac Hayes. Descanse en paz.

03 abril 2009

Speak Low

El Sol - 4 de abril de 2009
Había oído hablar de Speak Low hasta la saciedad por boca de Susu, pero nunca les había visto en directo. Él me grabó su primer y único disco, I'm gonna groove ya!! (2006), advirtiéndome por activa y por pasiva que la grabación no refleja ni la mitad de energía, carisma y potencia que presentan en directo. Él mismo fue el que me puso en alerta hace unas semanas sobre el próximo concierto que la banda iba a dar en Madrid, y me comentó que, con mucho pesar de su corazón, no podría asistir, pero que le gustaría que yo fuera para que experimentara lo que tantas veces me había contado. Entre eso y que me mandó una entrada por correo ¿quién podía decir que no? Además, el disco que me pasó Susu me gusta bastante, me ha alegrado muchas tardes solitarias de verano en la Luna, con su funk pegadizo y bailongo.

Así que allí me planté, como a las once y media, en una Sala El Sol bastante llena, pero no a rebosar. Susu me había aconsejado que me pusiera cerca de Julián Maeso el teclista y alma del grupo, (miembro también de The Sunday Drivers y The Sweet Vandals), y tuve suerte porque encontré un sitio justo a un paso del escenario, en el rincón izquierdo, donde estaban los dos órganos de éste: un Hammond y un Rhodes con purpurina.

Al poco apareció la banda, (de izquierda a derecha en la foto de la entrada): batería, percusión, guitarra, teclados/bajo, trompeta y saxo. Y apareció la fiesta, el saltar y el menear desenfrenado. Es verdad que algún sector del público no se mostró muy participativo, y eso le costó un pequeño cabreo a Maeso a mitad del concierto, pero he de decir, en mi defensa, que el rincón en el que estaba era un reducto de fans que coreábamos las canciones y no dejábamos de bailar.

A lo largo de la noche sonaron, sobre todo, temas de su próximo disco, Hands Up!, ya que se trataba del concierto presentación de éste. Una lástima que el disco no estuviera listo para venderlo ayer, porque me habría encantado comprarle una copia a Susu, (pero no te preocupes, te pillé una camiseta). Yo había leído en alguna página web que se planeaba que su segundo álbum estuviera más enfocado hacia la pista de baile que el primero; ¡y tanto que será así!, como el disco consiga captar algo de la energía con la que sonaron ayer los temas que lo compondrán, no habrá pista de baile que se resista. Además parece que han incorporado un poco más de variedad rítmica, ya que anoche, entre el groove que hila todas las canciones de Speak Low se intercaló alguna influencia latina e incluso africana.

Lo que más me sorprendió del concierto fue el poco protagonismo de Maeso. No me malentendáis, guió a la banda con su hammond impecablemente, tuvo solos de impresión y auténticos momentazos, (como cuando se giró para pedirme un cigarro... debería saber que los perros no fumamos), pero yo me esperaba que todo girara más alrededor de sus habilidades entre las teclas. Eso sí, cantó en muchos temas, y con mucho espíritu negroide. Los que sí tuvieron bastante protagonismo, más del que yo esperaba, fueron José "Funko" García a la guitarra y Martín García al saxo, ambos saliéndose por los cuatro costados.

No faltaron los grandes temazos de su primer disco, (Trouble Maker, I'm gonna groove ya, To my friend Georgie...), ni un homenaje a la Motown, (This old heart of mine de las Supremes), o su versión más famosa, Thriller, que hizo las delicias de todo el público. Y para rematar la faena, tras una última canción de auténtica locura, desmadre y taquicardia, Maeso se puso de pie sobre el hammond, (sin dejar de tocarlo con su pie izquierdo), y saltó desde él dejándonos a todos con la boca abierta. Un apoteósico final para un concierto que tardaré en olvidar. Espero que la próxima vez que baje a la Tierra esté ya a la venta Hands Up!, el próximo disco de Speak Low, porque ése sí que no me lo pierdo.

Momentos antes de ............................................................................ "El gran salto"

24 marzo 2009

Roy Ayers - "Coffy"

Polydor (1973)
Ayer por fin lo hice. Sí, señoras y señores. Ayer por la mañana se me pegaron un poco las sábanas y, en vez de salir disparado de casa mirando el reloj cual conejo blanco, pensé: "si voy a llegar tarde al trabajo voy a hacerlo bien". Así que me hice un zumo, me duché tranquilamente, me tomé un tiempo para pensar qué me iba a poner y, sobre todo, me tomé un buen tiempo para pensar qué música iba a escuchar en el trayecto. Escuchar música yendo a clase o al trabajo por la mañana es todo un arte, una decisión que puede marcar el resto de tu día. Y la de ayer vaya si lo marcó.

La elegida fue la banda sonora de la película blaxploitation "Coffy", de Roy Ayers, una de las mejores de su género y un disco de jazz-funk impepinable. Nada más salir de casa sonó en mi reproductor la primera canción del álbum, el tema principal de la película, Coffy is the color. Como por arte de magia (musical), las soleadas calles que hay desde mi casa al metro se habían convertido en Harlem y yo en el más auténtico de los pimps, caminando de forma chulesca al encuentro de mi limo.

Al salir de la limo, y a medida que me iba acercando al trabajo, todo dejó de ser tan apacible, porque advertí la presencia de la mismísima Pam Grier, que me perseguía pistola en mano. La verdad es que me lo merecía, porque había sido malo, muuyyy malo, llegando tarde al curro. Así que no tuve más remedio que ir escondiéndome por las esquinas y los portales mientras sonaba Aragon.
Nadie quiere cruzarse en el camino de Pam Grier.

Conseguí escaparme y durante el tiempo que estuve en mi despacho me sentí más a salvo. Pero la verdad es que la seguridad no duró mucho, ya que también me escaqueé de la habitual comida rápida con los compañeros de trabajo y me fui a disfrutar de una pausada sobremesa con mi novia en El Rey de Tallarines. De camino al restaurante fui midiendo muy bien mis pasos, cubriéndome las espaldas y asegurándome de que no me siguiera la temible vengadora Coffy, mientras sonaba Brawling broads.

Reconozco que después de la comida volví al despacho, aunque debería haberme ido a dormir la siesta, pero fue por poco tiempo y porque tenía que recoger unas cosas. Después me fui a casa orgulloso de ser malo, y le dije al chófer que pusiera bien alto el volumen cuando empezó a sonar King George, ("he's a pimp, he's a pusher, cause he's the king..."). Pero en seguida reapareció la incasable Pam Grier dispuesta a dejarme la limo como un colador, lo cual evitamos con una furiosa persecución por las calles de Harlemadrid, ambientada con el ritmo frenético de la canción Escape. Efectivamente, escapamos de nuevo de sus garras y llegué por fin sano y salvo a casa.

Un día como el de ayer se merece un final como el que tuvo, un buen final. A buen entendedor pocas palabras bastan, y tampoco quiero daros más detalles; sólo os diré que, como en esta escena de la película, la canción que sonaba era Making love.

18 septiembre 2008

El Chojin y James Brown

Live at the Galileo (1962-2008)
(Ya sé que esperáis ansiosos la segunda parte de la Guerra de Festivales pero quiero traeros ahora otro evento algo más reciente para demostrar que, aunque mis chicos y yo hemos estado un poco desaparecidos durante el verano, hemos cogido fuerza en nuestras vacaciones interplanetarias para continuar con esta aventura musical que lleva ya un año terrestre en marcha.)

James Brown ya ha aparecido en más de una ocasión en este blog, y El Chojin también ha tenido sus líneas de gloria. Sin embargo, me voy a permitir recuperarlos una vez más, y, para más sorpresa, juntos y revueltos.

El pasado sábado 13 mis chicos Riggy y Susu saldaron una cuenta pendiente con El Chojin, viéndolo en directo, en la sala Galileo Galilei de Madrid. No estaban solos, los acompañábamos yo y Nate, otro de mis corresponsales estadounidenses, del que iréis teniendo noticias próximamente. Esta ocasión, además de ser un encuentro musical muy esperado por todos, resultó ser emotiva también por la entrega que Riggy le hizo a Susu de su regalo de cumpleaños, que no fue otro que el vinilo del soberbio "Live at the Apollo" (1962) de James Brown. Y llegados a este punto, creo que ya deberíais tener clara la extraña conexión que leísteis en el título.

Riggy pasó unos días en Berlín este verano y, estando en una buena tienda de discos pensó que era la ocasión ideal para comprarle algo a Susu. No muy seguro de que su elección musical fuera certera, decidió llamarme para contrastar ideas. Resultó que yo estaba veraneando no muy lejos de allí, así que pudimos hablar y le recomendé que fuera a lo seguro. Así que para un tipo como Susu, que guarda con celo una grabación en VHS de un directo del "padrino del soul" y "rey del funk" que vio cuando ni siquiera tenía muy claro lo que eran el soul o el funk, una reedición en vinilo del que además pasa por ser uno de los mejores conciertos de la historia parecía una muy buena elección.

Así que Susu disfrutó por partida doble de la hora y media larga que duró el concierto de El Chojin, hora y media tras la que todos nos quedamos con ganas de más, y no porque el MC de Torrejón no lo hubiera dado todo sobre el escenario, sino porque la sucesión de canciones fue tan fluida y la relación con el público tan cercana que el concierto se pasó volando, sin que ninguno de los espectadores diéramos ninguna muestra de cansancio.

La compenetración y la interacción con el público son unas de las cualidades que marcan la diferencia entre los buenos músicos en directo y los grandes músicos en directo. Y si hubiera que destacar sólo una cosa de James Brown probablemente sería la de ser uno de los más grandes músicos en directo, porque realmente era un "showman" antes que un músico cuando se subía a un escenario, (lo que no disminuye su calidad como músico, como queda patente en todas sus grabaciones de estudio). Sus sorprendentes bailes y movimientos frenéticos mantenían al público con la mirada fija en él, y sus continuos gritos, inesperados alaridos y enfáticas peticiones de colaboración eran los que le permitían alargar las canciones a su gusto sin llegar a aburrir al público, que respondía de buena gana a todas estas exageradas pero fantásticas e inigualables actuaciones del showman. Por ejemplo, de los escasos cuarenta minutos del "Live at the Apollo", diez son de una sola balada, Lost someone, a lo largo de la cual James consiguió que el público gritara entusiasmado tras cualquier frase que repitiera o improvisara, mientras que inmediatamente después resumió en seis minutos ocho canciones. Uno de los momentos clave en la historia de los popurrís, sin duda.
The Galileo Theatre presents, in person!, El Chojin - Striptease (Show nocturno).

De forma similar se las apañó El Chojin el sábado pasado para tenernos a todos contentos haciendo un repaso a su último álbum, "Striptease" (2007) sin olvidar las canciones con más repercusión de sus anteriores discos. En un momento dado anunció una de éstas con el consiguiente entusiasmo del público y la inevitable decepción cuando se vio interrumpida a los pocos segundos para ser sustituida, sin embargo, por otro gran tema que fue sustituido por otro clásico y así unas cuantas veces, consiguiendo arrancar al público una enorme ovación y, lo que es mejor, una gran sonrisa. Eso sí, un espacio aparte tuvo Lola, canción que todo el mundo en este país, (y parte del extranjero), debe conocer y admirar, que fue interpretada íntegramente, pese a que el artista reconoció que hacía tiempo que no la hacía en los escenarios madrileños por encontrarla algo quemada.

La capacidad de juntar en un tiempo limitado todas las canciones que quieres tocar y todas las canciones que tus fans quieren escuchar sólo se puede conseguir mediante trabajo, mediante ensayo y compenetración con los músicos, (o el DJ en el caso del rap). Y precisamente trabajo es de los sustantivos más asociados a la figura de James Brown, que no en vano era conocido como "the hardest working man in show business". En sus directos la banda entra perfectamente, (¡ay del que no lo hiciera!), en cada compás de cada canción y en cada cambio de ritmo, no dejando a veces ni un segundo sin música, con enlaces entre un tema y otro, por no hablar de la perfecta compenetración entre las, en ocasiones difíciles de entender, improvisaciones vocales de Brown y las respuestas de los músicos.

Así que el sábado vimos a El Chojin en su mejor estado de forma, susurrándonos al oído sus esperanzas y temores con el corazón en un puño, dejándose la voz para gritar a los cuatro vientos sus ideas sobre el mundo actual, despachando sentido del humor y crítica social a partes iguales, dando una clase magistral sobre cómo combinar estilo y mensaje en el rap y demostrando que es todo un "showman" y que tiene la medida del escenario bien cogida. Un Chojin que, en definitiva, es el de siempre y que probablemente siempre siga siendo igual de bueno, un Chojin que le habría encantado a James Brown.

20 noviembre 2007

Groovadelia

Vampi Soul (2006)
Buenos días, buenas tardes y buenas noches. Para muchos de ustedes, españoles o residentes en España, amantes de la música seguro que sería una muy buena noticia que yo ahora llegara y les dijera: no busquen más, aquí, en la piel de toro, se hace funk, se hace música negra con groove. Si es así, tengo una noticia mucho mejor: aquí, en el norte de África, se hace funk ¡y se hace bien! ¡Vaya que si tienen groove estos europeos morenos, vagos y gritones!

Bromas aparte, la edición de un recopilatorio de dos discos con 20 grupos españoles diferentes tocando funk del bueno ha sido una sorpresa para todos, incluso para el Perro Lunar. A algunos ya los conocíamos, otros nos sonaban y de otros tantos no habíamos oído hablar en nuestra vida, pero, de entrada, no cabía la posibilidad de dudar de la calidad de la compilación, porque la firmaban Miguel Ángel Sutil, probablemente el mejor negroide de España y editor de EnlaceFunk, la revista de referencia, (y única), de este estilo, junto con los califas del club Afrodisia, en Granada, meca del funk ibérico. Pero dejémonos de presentaciones y vayamos al meollo: let's get funkified!!

Abren el disco los Guateque All Stars, de los que hacía tiempo que no sabíamos nada, y que siguen al mismo nivel, con una sección de vientos sencilla pero de esas que se te acaban metiendo en las caderas y no te dejan en paz en toda la noche. A The Sweet Vandals los tenemos más recientitos, porque editaron su primer disco a principios de 2007. Aquí han recuperado "I got you, man!", su primer single, en el que Mayka Edjo, lo más parecido a Alice Russel que tenemos por estos lares, te deja en el sitio sin inmutarse: "nobody makes love to you like me". Otros que no podían faltar son Mojo Project, que dan buena fe de su estilo fresco que a todos nuestros pies los vuelve locos. Y, por cierto, no son Jamiroquai, aunque suenen igual de bien. Speak Low, aunque quizás no tengan todo el reconocimiento que se merezcan, tienen ganado a pulso todo el derecho del mundo a formar parte de la plana mayor de este recopilatorio, y de qué mejor manera que con su versión de "Thriller", un temazo donde los haya que a mí me dejó con la boca abierta la primera vez que lo oí en directo. Y cómo no iban a tener su huequecito el disco-funk imparable de los granaínos Funkdación o el hammond vigués, chulo y contundente de Donatore di Groove, más cantábricos, pero igual de calientes. Tampoco decepcionan las soul sisters de Celofunk, ni "La chica húmeda" de Ortophonk que, con sus gemidos, trastornará a más de uno.

Hasta aquí todo bien, casi previsible, pero hay muchas sorpresas. Qué decir de Pybus Groove Quartet, que se presentan de gala, sumamente jazzys y sumamente elegantes. O del groove misterioso de Watch Out que serviría perfectamente de fondo para los créditos del comienzo de una película Blaxploitation. O del cantante de The Funk on me, que con sus gritos y alaridos talmente parece la reencarnación del godfather, q.e.p.d. O del funk-tirando-a-house de Koniec. O de los ecos caribeños, cortesía de Los Fulanos, encargados de hacer que no haya ni una pizca de aire entre nosotros y nuestra pareja de baile. En fin, que todas y cada una de las veinte canciones de los dos discos me encantan y os encantarán a vosotros, no hay duda de ello.

Tenemos grupos más o menos clásicos de la escena y novedades muy gratamente sorprendentes, ¿qué más se puede pedir? Quizás que para acabar la recopilación una banda de viento metal, The Sir Alligator's Company, versione el "Think" de Aretha Franklin. Eso es todo lo que se puede pedir.

Ya sólo queda remarcar que con esta compilación está más que demostrado el buen nivel de instrumentistas, (con especial mención a los organistas), y de cantantes de música negra que hay por tierras patrias, y daros un último consejo, un tanto manido, pero que se hace más necesario que nunca al presentar este doble disco: "liberad vuestra mente y vuestro culo la seguirá".

Nota: 9'5