09 mayo 2009

¿Por qué se estropean los auriculares?

Buenas, mis queridos humanos. Ya sé que esto no es ninguna crítica de disco o de concierto, pero lo que os voy a comentar tiene mucha relación con la música y además tenía ganas de recuperar aquellos posts de "El Perro Lunar denuncia".

Digo que tiene relación con la música porque os voy a hablar de los auriculares, también conocidos como "cascos". Todos los amantes de la buena música, (entre los que sé que os contáis los lectores de mi blog), le debemos mucho a este invento. En mi caso concreto, mi vida casi depende de él: como sabéis, la atmósfera de la Luna es muy poco densa, por lo que el sonido apenas se transmite, es decir, no puedo utilizar minicadenas ni altavoces. Pero como no concibo mi vida sin música me paso el día enchufado a los auriculares, brincando y bailando por el cráter Vitruvius.

Hace no mucho, hablando con Riggy, le pregunté qué había sido de aquellos cascos suyos tan míticos, de buena marca y no especialmente baratos. Su respuesta no fue precisamente alegre: un buen día dejó de oír la música por uno de ellos, así sin más, sin aviso previo, kaputt, ciao ciao... Ayer llamé a Susu, para ver qué tal le iba, y me contó apenado que el auricular izquierdo de sus cascos estaba empezando a dar señales de enfermedad, crónica, con toda seguridad. Creo que los suyos no son la panacea, pero es que da igual caros o baratos, da igual una marca que otra, al final todos acaban muriendo, ¡¡y siempre de la misma forma!! Un día te despiertas, eliges el disco que vas a escuchar en tu reproductor, enchufas los cascos, te echas a la calle (a los cráteres, en mi caso), y de repente descubres que uno de los dos auriculares ya no se oye, o suena entrecortado. Ya estás deprimido para el resto del día. ¿Por qué tienen que estropearse los auriculares?

Yo lo he vivido en mis propias carnes caninas. Como ya habréis leído, mis primeros auriculares tenían escafandra incorporada, la que me hizo el comandante Cernan, pero claro, eso fue en el '72. La verdad es que son los mejores que he tenido, me duraron cerca de 15 años, pero desde entonces he tenido que recurrir a los que se venden en la Tierra. ¡Y vaya cruz! Cada año, poco más o menos, tengo que comprarme unos nuevos. Puede parecer una chorrada, pero a mí me fastidia un montón no poder escuchar mi música.

Hoy me habéis pillado mosqueadillo, y desde aquí quiero hacer un llamamiento a todos los fabricantes de auriculares: ya sabéis cómo se rompen los cascos que vendéis, ya sabéis dónde está su punto débil, ¿¿¿por qué no fabricáis de una vez por todas unos que duren un poco más???

10 humanos tienen algo que decir:

Riggy dijo...

Doloroso asunto el que tratas, amigo. En efecto mis tremendos cascos murieron por el lado izquierdo. Y no es que un día al darle al play no sonara ese auricular...es que presencié su muerte en directo. Recuerdo perfectamente la calle por la que caminaba (si me esfuerzo igual hasta recuerdo la canción) cuando de pronto el sonido de un lado se fue debilitando hasta extinguirse. Un momento difícil.

Creo que desgraciadamente todos sabemos que los fabricantes no mejoran el producto por la sencilla razón de que saben que tendremos que comprar otros cuando se rompan. A pesar de semejante abuso al consumidor, yo confieso que seguiré adquiriendo enormes cascos Sennheiser mientras pueda.

¡Cualquier cosa menos los ridículos cascos blancos del Ipod!

Fran G. Matute dijo...

Reconozco haberme pasado gran parte de mi adolescencia con un auriculares muy parecidos a los de la foto. Al margen de que la música se escuchaba excelentemente a través de ellos, era una forma magnífica para aislarte del mundanal ruido y de la propia realidad...

Gran invento, sí señor!

Kayele dijo...

Pero qué freak!!
Jjjjj

La verdad es que yo tampoco puedo vivir sin ellos. Pero no sé qué me raya más, si los cascos o el propio reproductor en sí... se me jode cada dos por tres...

Susu dijo...

Hombre, igual lo estás dramatizando un poco, no hace falta exagerar. Pero en lo de "ya estás deprimido para el resto del día" tienes razón. A mí, por lo menos, esas cosas me afectan un montón. Ir por la calle tranquilamente escuchando un disco y, de repente, ¡pum!, ya no puedo oir acabar la canción...: imposible levantarme el ánimo en todo el día.

Un saludo, Sr. Lunar.

Porerror dijo...

Enorme post! Más razón que un santo. Creo que El Perro y Riggy ya lo han dicho todo. Respecto a lo de los cascos del iPod, creo que son bastante buenos, pero me gustaría hablar aquí de los típicos cascos de walkman o discman de toda la vida.

Yo, como Fran G., me pasé la adolescencia oyendo música en cascos, pero eran de los chiquetitos, esos que irremediablemente había que enrollar alrededor del aparato si querías llevártelo por ahí. Y esa era la muerte de aquellos cascos: al enrollarlos tanto, los cables se acababan rompiendo. Buaaaaa!!!!

Porerror dijo...

Os dejo una cosa que siempre me fascinó: mi madre, a los cascos o auriculares, fuesen del tipo que fuesen, los llamaba y los sigue llamando "loritos". Creo que la cosa viene de cuando a la radio se le llamaba "el loro" o así, pero no me digáis que no tiene gracia: "Porerror, quítate los loritos, que te vas a quedar sordo!"

El Perro Lunar dijo...

¡Guau, guau, guau!, me parto con los "loritos".


Kayele, veo en tu perfil que somos vecinos, a ver si te pasas por el Crater Vitruvius a hacer una visita.


¿¿De verdad creéis que los fabricantes renuncian a crear un producto de calidad sólo para poder vender más?? Cada día entiendo menos a los humanos. Y si me permitís la salida de tono: ¡maldita sea vuestra sociedad de consumo, vuestro capitalismo y vuestro todo!

¡¡Derecho a unos "loritos" que no se rompan, YA!!

Porerror dijo...

Amigo Perro y la compañía:

La verdad es que resulta tristísimo constatar lo que se ha dicho aquí sobre las empresas, pero es rigurosamente cierto, no una leyenda urbana ni teoría de la conspiración.

Las cosas (los bienes de consumo industriales) se fabrican malos o peores de lo que podrían ser a sabiendas: eso los abarata y encima asegura que deban ser reemplazados. Sobre el tema (y sobre otros muchos temas), os recomiendo el libro de Marvin Harris La cultura norteamericana contemporánea (1981).

Jaime dijo...

En el 90% de los casos, los auriculares dejan de sonar por el cable. En muchas ocasiones, se trata de una fisura interna del frágil cobre causada por reiterados enrollamientos, mientras que en otras falla el contacto entre la clavija y el citado cable. Es algo muy similar a lo que hacemos con la chapita de una lata de refresco cuando queremos arrancarla, pero en este caso no ganas un premio sino un cabreo.

Como es una pena tirar unos cascos caros sólo por un cable roto, os invito a adquirir un soldador, hilo de estaño y cables de calidad para reemplazar los dañados. No vale con envolver la clavija en cinta aislante...

También ofrezco mi soldador y mi pericia a quien necesite resucitar a sus fenecidos cascos.

Patricia dijo...

"There's nothing worse than broken earphones!"

"Really? How about... no legs?"